La diferencia está en la humanidad

El gerente general de gran humanidad atienden al “ser humano” que es cada colaborador y son sensibles a cada situación particular

"Me estoy planteando si quedarme acá donde los integrantes de la cúpula ejecutiva (con alguna excepción) se creen que el resto somos todos tarados”, le escuché decir a un ejecutivo que tiene un cargo de responsabilidad desde hace muchos años. Ni la compañía para la que trabaja ni la posición de este ejecutivo están en riesgo, pero él parece que está bajando los brazos.

En un caso totalmente opuesto, la semana pasada me reuní con un líder de maravillosa humanidad, cuya sola presencia genera una atmósfera cálida y especial. La gerenta de RRHH de la empresa me señaló: “¿Viste lo que es? Es que en las circunstancias actuales me quedo acá por él! ¡se lo merece!” El hecho es que esta otra organización sí atraviesa un duro proceso, como tantas empresas en Uruguay, que están achicando sus operaciones o las cierran. Pero aún así ¡todos siguen en el barco! Lo creas o no, la diferencia está en la humanidad.

Cada uno de estos colaboradores, aún con ansiedades y angustias propias de la incertidumbre de si tendrán o no trabajo en breve, siguen haciendo, buscando y deseando los mejores resultados.

La diferencia está en la humanidad

Me saco el sombrero y comparto esta experiencia con ustedes, sobre todo porque diariamente escucho personas enojadas, desilusionadas, que se sienten avasalladas por la falta de humanidad de quienes están a cargo de áreas y aún compañías donde se desempeñan. Si es una persona la que tiene estas reacciones, podríamos atribuirlo a la persona en sí, pero si son varias, da a pensar. ¿O será que la organización estaba poblada de ineptos e ineficientes?

El gerente general de gran humanidad del que les hablo y su equipo atienden al “ser humano” que es cada colaborador y son sensibles a cada situación particular con valoración y agradecimiento. La intención es muy clara: “cuidar especialmente a cada persona encaminados a lograr lo mejor”. Le auguro todos los éxitos más allá del desenlace.

Y ante esta realidad, pienso en esas personas con posiciones de alta responsabilidad y colaboradores a cargo, enfocados en tender redes solo para su conveniencia, en buscar las estrategias para mejorar solo sus posiciones, esos que no dan puntada sin hilo pensando en sí mismos, aquellos que están enfocados en su paquete de beneficios y/o de retiro, esos que no van a lograr ni tener un equipo, ni generar compromiso y mucho menos, trascender y ser felices con lo que hacen.

Si tenemos en cuenta nuestras capacidades cerebrales, nuestras neuronas espejo -esas que son la base de la empatía y que hacen que te asustes o te rías mirando un película- detectan qué está pasando en el otro, qué siente, qué piensa... conscientes o no, lo percibimos y aún sin tener el mensaje claro nos damos cuenta de la concordancia o disonancia. Por eso cuando te levantes cada día, mírate a los ojos y pensá si te importan esas personas que de alguna forma u otra te reportan. Si la respuesta es no, es un buen momento para construir un camino diferente.

Ser jefe te da un poder jerárquico; ser líder se trata de los otros. ¡La diferencia la hacés vos!





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