¿Dónde están los líderes de 2020?

Cuando el desarrollo tecnológico y la intercomunicación activaron una cercanía que estaba lista para ser vivida, se instaló como jamás antes la transparencia y la sensación que el mundo está al alcance de nuestras manos. Las personas quedamos colocadas en el centro, que es exactamente nuestro lugar. Veníamos flirteando con este concepto y ahora se hizo condición sine qua non para ser felices.

Las personas en el centro de todo implica que cada uno es quién dene qué le sirve, qué vale, qué hace, dónde está, qué quiere y hacia dónde va... siendo quien de verdad es. Esto es un llamado en sí mismo para los empresarios y líderes en general.

Y si ya estaba claro que el mando-control-sanción, heredado de la era industrial no se ajusta al mundo de hoy, los cambios instalados son la evidencia. Persisten empresarios que siguen gestionando desde el control máximo, el miedo, el ambiente tenso y el concepto de “divide y reinarás”. Conozco los que desde un intento sincero van migrando y danzando entre un estilo de gestión y otro.

¿Cuál es el cambio que se produjo en el estilo de gestión empresarial y en el liderazgo en estos últimos años? ¿Y dónde están los líderes del 2020?
Este es un año critico, que rompió con paradigmas y está revolucionando mucho más que el mundo del trabajo y en el que los líderes de verdad están modelando el presente y el futuro, haciendo historia y trascendiendo. Transformando con foco sincero apoyados en prácticas que cuidan el bienestar y el desarrollo sostenible a nivel personal y organizacional. Con solo googlear las empresas que están en los primeros lugares como marcas y conocer de sus prácticas de liderazgo y gestión, nos daremos cuenta que comparten estilos y prácticas, aún en la diversidad de rubros y personalidades.

Los verdaderos líderes logran reacciones rápidas que les permiten crear y subirse a los desarrollos y en un escenario altamente desafiante, se ocupan de la inteligencia emocional como una condición para el éxito y una necesidad para ser feliz. Por eso, invierten en desarrollarla día a día y saben que es un camino de ida.

Los empresarios con inteligencia emocional son distinguidos. Lideran sus empresas y equipos desde el propósito organizacional porque tienen claro que su propia vida
se lidera desde su propósito personal. Gestionar es una práctica que empieza por uno mismo y solo así es posible liderar a otros.

El propósito es a las organizaciones lo que es a cada persona. Tan definitorio que otorga el sentido y da visión de futuro. Es una declaración que dene lo que encaja y lo que no. Es la razón de ser y responde a: ¿para qué existimos? Saberlo nos coloca en un lugar privilegiado y nos destaca entre la generalidad. En ocasiones lleva su proceso definirlo y una vez que está, el resto es más sencillo. Elegir a los colaboradores, decidir la línea de crecimiento y tomar decisiones, entre otros.

¿Qué características tienen las personas que lideran desde el propósito? Invierten en su introspección y autoconocimiento sabiendo que les brindará mayor auto-conciencia de sus emociones, pensamientos y acciones. Asumen la responsabilidad de cada una y las gestionan. Se comprometen con su propio desarrollo y también el de otros. Al conocerse y entender lo que es propio de lo que no, son cada vez más libres y promueven libertad.

Son líderes que favorecen la resiliencia, cultivan la confianza y generan ambientes positivos. Esos que está probado que activan zonas cerebrales desde la corteza prefrontal, la amígdala y el núcleo accumbens, produciendo una re-evaluación cognitiva que desarrolla la resiliencia y el bienestar. Contagian creatividad, innovación e inspiración. Son líderes flexibles que se ocupan de modificar comportamientos personales y organizacionales para adaptarse a los desafíos. Centrados en lo que depende de ellos, encuentran las oportunidades en cada situación – esperada o no–.

Son líderes empáticos consigo mismos y por esto, pueden serlo con los demás. Sus inter-relaciones son positivas, reflejan en ellas, la relación que tienen consigo mismos. Tienen un locus de control interno –se hacen cargo y no responsabilizan a otros de lo que es de ellos–.

Son personas seguras que transmiten seguridad y por eso lograron ofrecerla también en la crisis como la actual, donde los colaboradores la necesitan. Generan y promueven cohesión y confianza. Lideran activando valores vinculados al propósito y diseñan objetivos positivos, claros, desafiantes y realistas. Y son congruentes con estos, en el trabajo y en la vida.

Deseo que estos líderes se hagan cada vez más visibles para inspirar. La propuesta para todos, es a mantener una práctica diaria de agradecimiento, atención plena y desarrollo de la inteligencia emocional. Reconocer las propias emociones y su programa de activación para no ser capturados por reacciones impulsivas y en su lugar, actuar en función de quienes elegimos ser. Podemos elegir nuestros pensamientos y emociones así como las acciones que emprendemos.

Ser un líder del 2020 requiere ser una persona con principios, que vive sus valores, se ocupa de sí mismo con esmero y se relaciona con las personas desde la nobleza.





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